EDITORIALEl vaso medio vacíoEl traspaso de la banda presidencial de parte de Néstor Kirchner a su esposa Cristina es un acontecimiento mundial. No se registra un fenómeno similar en la historia de ninguna democracia del mundo.
No es que no hayan llegado esposas o hijas de ex mandatarios al poder, sino que en tales casos medió siempre algún gravísimo problema institucional que fue el que llevó a que no pudiera haber algún tipo de continuidad y la representación, forzada por la realidad, pasó a quienes representaban similares valores a los perdidos. Indira Ghandi (India), Benazir Bhuto (Pakistán) y en cierto modo Corazón Aquino (Filipinas), ejemplifican tales situaciones.
Sin duda, la llegada de Cristina es legítima, instaurada por los votos que cosechó el gobierno de su marido, que fue quien profundizó y consolidó el modelo que superó a la crisis del 2001, salida iniciada durante el gobierno de transición de Eduardo Duhalde, luego que la realidad se comió a la ficción de la convertibilidad, de la que nadie –ni los dirigentes de la Alianza, ni los votantes de ningún partido-, quería abandonar.
En la historia de las democracias latinoamericanas, incipientes por definición así pasen los años, el liderazgo tiende a devenir en megalomanía y en mesianismo, no por mera culpa de los gobiernos, sino por una tradición y una cultura social que premia tales conductas, pidiendo llevar a extremos a los “modelos” que alcanzan cierto tipo de éxito, independientemente de su contenido ideológico, en tanto ofrezcan un grado de confianza y seguridad a los electores.
Mientras el futuro de los sectores sociales que apoyan tales “modelos” se vea próspero, nunca importa que el de otros sectores excluidos se vea negro como la noche oscura. Cuando le llegue el turno a la oposición en el gobierno, se invertirá el sector dominante pero las conductas serán mas o menos similares. Cada quien, cuando acumula poder, pretenderá su continuidad, la supresión de los opositores y el beneficio supremo para los allegados.
I know you, dice Don Alfredo Coto. Seguro. El sino de la historia desde el Río Grande para abajo, nos ha legado ejemplos notables de todas las variantes del proceso citado mas arriba, ya no es novedad, es un estereotipo.
En algunos casos lo ha sido en nombre de verdaderas revoluciones (pensemos en el PRI de Méjico), en otros en nombre de la seguridad por todas las derechosas variantes centroamericanas, pero siempre a través de graves condiciones de inestabilidad, falta de cohesión política y social y juntando ese resentimiento visceral que guardan los pueblos que ven postergada su esperanza, sin acertar en la solución.
Nunca faltó tampoco la ayudita de otros intereses –como en todas partes sucede- ni algún cipayo que los acogiera, bueno es que no crean que uno es un ingenuo.
Cristina, que no es una improvisada ni una esposa a lo “Isabel”, sabe mas de todo esto que este ocasional escriba, y recorrió el mundo en su campaña internacional diciendo exactamente que va a profundizar el modelo, cambiándolo en lo que mas se lo reprochaba y diferenciándose del marido sin criticarlo, lo que sería de muy mal gusto y poco creíble.
Néstor, que se sabe un piloto de tormentas –probado ya en su provincia y en la Nación- dice que su rol pasó y que por ahora él no podría hacer los cambios que son necesarios para darle calidad al sistema.
Francis Bacon, filósofo inglés del siglo XVI, expresó que “la verdad surge mas del error que de la confusión”. Néstor y Cristina pueden cometer errores, pero tienen muy claro su modelo. Ellos mantuvieron el poder ultraconcentrado en sus manos durante los últimos años y manejaron los hilos de la política argentina con una eficiencia extraordinaria, si como parámetro consideramos cómo un gobernante que llegó con el 21, 97 % de los votos, alcanza ahora picos de aceptación superiores al 70 %. Ambos pueden haber cometido errores, pueden no haber hecho todo lo necesario, pero saben para donde van, ellos no están confundidos.
Con el ciclo económico positivo global acompañándolos, en tanto el ciclo local avanza en paralelo al anterior, baja el desempleo y la pobreza, y se hace obra pública significativa. Ellos controlan personalmente al aparato estatal como con un joystick.
Viento en popa y sin impedimentos a la vista, entonces podremos llegar al puerto de la justicia y la equidad social de una sociedad madura y civilizada, o podremos avanzar hacia las rocas del próximo arrecife económico, administrativo, social, etc., como ha sido la repetida desgracia de un país como el nuestro. Vale recordar que sopesando ciclos de alza y de baja, éste creció en el promedio de las últimas décadas menos que su población, y repartió lo poco que supo crecer sin que caigan gotas de la copa de los pocos que la tienen hacia fuera, para no mojar, ni ensuciar el mantel de todos.
La esperanza es muy grande, nuestro pueblo se expresó con una ilusión única, Cristina con su inteligencia tiene la oportunidad de quebrar la maldición que la historia nos dio. Posee la formación y la capacidad para crear una verdadera democracia, la experiencia para sostener un sistema político y engendrar cambios en la asignación de los recursos, en la transparencia de las medidas, en la auditoría de los errores y en su enmendamiento, en la selección de los mejores en reemplazo de los idiotas y de los delincuentes habitualmente elegidos en mérito a su lealtad. Cristina posee quórum propio en el Congreso, el control de casi todas las provincias y el beneplácito aún de las que no le son afines, que tiene para elegir entre amarla o ir a la quiebra.
Con semejante poder, quizá puede encarar lo que muy pocos en su lugar. Ejecutar las mas necesarias obras públicas, pensar en proyectos estratégicos de largo plazo, concertar con los sectores políticamente diferentes, eliminar la prebenda como base de la construcción del poder, apoyar a las industrias y actividades mano de obra intensivas y competitivas (sobre todo pymes y micropymes), mejorar el ambiente que vivimos y mal vivimos, brindar verdadera salud a los segmentos que hoy apenas la tienen, dar seguridad sin represión desviada, facilitar educación pública en serio y poner en valor a los recursos humanos de este país, o sea a nosotros y a nuestros hijos.
Nuestro país, que se jactó tanto tiempo de ser una de las dos cabezas americanas, equivale aproximadamente ahora al 1,6 % de la economía de los EEUU, al doble del PBI de Chile, a un cuarto del tamaño de la economía de Méjico, a un quinto de la de Brasil, pero también a un cuarto de la de Australia. Es decir que hoy puja por no ir mas atrás, recuperando terreno perdido. Pero debe procurar la creación de mas empleos de calidad y valor, ofrecer seriedad en todas sus transacciones (no me refiero sólo a las económicas sino a los cotidianos intercambios entre lo público y lo privado), diluir a las múltiples mafias y crear condiciones para que la ley y la norma vuelvan a ser reglas reconocidas de convivencia y no una raya que hacen los poderosos para la gilada.
Una mención aparte merece el tema de los índices de la economía por parte del INDEC y el fantasma inflacionario que acecha al gobierno en estos últimos tiempos. Recuperar la credibilidad del INDEC y de los índices inflacionarios resultan ser las primeras herramientas para superar éstas dificultades.
¿Podrá Cristina salir de la crisis y la emergencia permanente para darnos un gobierno que cambie a la Argentina o sólo seguirá acumulando poder mientras se lo permitan? ¿Será más de lo mismo o superará el desafío? La fe mueve montañas pero la respuesta se verá a partir del lunes 10 de diciembre. Ella puede hacerlo.